Néstor Martín Fernández de La Torre, (1.887 a 1.938), no sólo ha sido el más brillante de los pintores canarios, que admiró y sigue admirando con la fuerza de sus obras de estilo modernista, como los Poemas del Mar y de la Tierra, sino que fue un preclaro precursor de lo que el Turismo iba a representar para las Islas Canarias, como demuestra el siguiente texto:
(Folleto publicado por la Junta Provincial de Turismo, Las Palmas de Gran Canaria, 1.939)
LA LECCIÓN DEL PASADO
Mi país ha vivido bajo la fascinación de los cultivos especiales que se ha sucedido desde hace tiempo, produciendo épocas de gran prosperidad, con intervalos de profundas crisis, rayanas en la miseria.
Desde mi estudio en París pensé muchas veces con tristeza en la inseguridad del porvenir de mi país, en el cual un pedazo de tierra dedicado al plátano alcanza un valor superior a grandes extensiones de terreno en cualquier suelo del planeta. Y se fundaba mi dolor en que, precisamente, la pasajera prosperidad hacía perder a mis paisanos la conciencia de la situación y olvidarse en el vaivén de su economía, de lo estable que ha sido y es "hacer país". Revalorizando lo propio, preparando nuevas fuentes de riqueza y hasta restaurando cultivos tradicionales que prestigiaron en un tiempo nuestro solar en el mundo, en primer término, el de sus vinos, el primer diplomático enviado por los Estado Unidos al continente europeo, en un banquete ofrecido a las autoridades de Londres, hacía ocupar en la lista de vinos, en puesto de honor a las malvasías de Canarias, que habían ganado la más alta reputación en Europa.
LA MEDITACIÓN DEL MOMENTO
Y era el momento propicio para iniciar este plan de revalorización exactamente aquél en el que el oro se nos entraba por las puertas. El cosechero de la cochinilla, como hoy el del plátano, no pensaba en otra cosa que en acrecer sus parcelas, invirtiendo sus beneficios en la compra de una finca más. Con este panorama a la vista hubiera sido suicida volver a mi tierra en silencio y no para despertar ambiciones nuevas, eminentemente espirituales, sin abandonar, por supuesto las económicas, era empresa quimérica mientras perduró el imperio de la banana. Hoy, ante la decadencia de este cultivo ya se pueden iniciar consejos y orientaciones hijos de una experiencia pasada, cuya lección nunca aprendimos. Es de notar, aunque sea de pasada, que la fascinación del cultivo especial suponía una dedicación a otros elementos de riqueza que saltan a la vista. Hemos vistos arribar a nuestra casa forasteros que se han aprovechado de nuestra indolencia e imprevisión. Muchos de ellos en el ejercicio de improvisadas industrias, actividades comerciales, han logrado un afincamiento definitivo entre nosotros. Se ha comentado muchas veces que "fulanito", llegando aquí sin dos pesetas, con un bar, fonda o cualquier modesta industria, pudo amasar en pocos años una fortuna pero ¿quién era el hijo de familia capaz de ponerse detrás de un mostrador?, era más "chic" darle una carrera y hacer de él, en la mayoría de los casos, un hombre inútil.
EL ASALTO AL TURISTA
En estas condiciones surge el turismo, como hecho y como problema, imponiendo brutalmente la necesidad de la revolución integral del país, en que nunca habíamos pensado. Trazar un plan de propaganda turística sin antes preparar el país, me parece contraproducente. Tengamos en cuenta que el viajero que nos visita no viene a nuestras islas para encontrar en Tejeda un tacón de Luis XV o una cabellera oxigenada. Hasta en los pueblos más apartados ha ido desapareciendo el uso de la mantilla canaria, sustituida por velos o sombreros ridículos, traídos por vientos de afuera. La belleza de nuestros paisajes sufre los efectos del modernismo estandarizado, con el clásico cajón armado, que desplaza a la típica casa campesina. Proyectos y reformas urbanas se han concebido en vía estrecha, los árboles y las flores se han visto privados del amoroso cuidado que hubiera hecho de esta tierra un lugar delicioso para el turista de lo auténtico queda poco, el folklore ha ido olvidándose: y en el tema de desaparición, hasta ha desaparecido el inteligente artesano (platero, tallista, forjador, etc.), que a principios de siglo tenían en la artesanía un medio de vida, ante la invasión de mil chucherías que, precisamente por ser exóticas, merecieron acogida preferente.
LA PEQUEÑA GRAN INDUSTRIA
El turismo lo entiendo como una grande y compleja industria que ha de desarrollar el país entero. Si no recobramos y acentuamos nuestra personalidad, nada podemos ofrecer al turista que le halague y satisfaga, dentro de un estilo netamente canario tenemos que revalorizar todo lo nuestro, sea moderno o tradicional, de otro modo seremos suplantados por el industrial o por el comerciante de afuera, como pasa hoy a nuestros ojos, desde el "cambullón" hasta los hoteles y tiendas monopolizan el comercio turísticos con artículos exóticos, menos mal que se trata de paisanos, pero se dan casos de los que se lucran son extranjeros. Los bazares de "indios" no me dejarán mentir.
A parte de esto, la creación de industrias típicas aumentaría el bienestar del país, fomentando el trabajo y torciendo a nuestros bolsillos el dinero que distrae el extraño. Con los bordados y calados del país, orientando su confección inteligentemente, encontrarían ocupación decorosa miles de mujeres, redimiéndolas del terrible problema del paro. Lo mismo ocurriría con las telas tejidas en el país. En Madeira, donde las industrias turísticas están en manos de los naturales, más de diez mil mujeres viven del producto de sus calados y bordados, llegando a extremos de desbordar la producción, invadiendo nuestros mercados, "incluso el nuestro".
Habéis observado que el turista pide siempre lo que para él es exótico, es decir, el producto típico del país que visita. Pues bien, si acompañáis en cualquier viajero en gira por el interior de la isla, y os tienta el deseo de ofrecerle una sencilla merienda en la tienda mejor surtida que se encuentra al paso, y pedís vino del "Monte", os dirán que solo tienen Jerez, Oporto, Málaga,... sin que falta, naturalmente, el whisky (en sustitución de nuestra original y exquisita guindilla). Si solicitáis queso de Guía, o Valleseco, o chorizo de Tamaraceite, os contestarán que sólo disponen de queso de "bola" y de salchichas de Francfort, de dulce repostería isleña, nada. En este tramo sólo pat-a-kake... y esto sabiendo el comerciante, como nosotros, que nuestros productos no tienen nada que envidiar a los importados.
EL TRAJE TÍPICO
Debo hacer mención del traje típico, creado por mí, que ha merecido algunas críticas. La creación responde a fundamentos y motivos tradicionales, aunque condicionada a las necesidades y exigencias del propio turismo, dándole el colorido y alegría que el viajero espera encontrar. La "nagüeta del totorota" no ofrecía ningún interés al visitante, y era además antiestética.
Cada uno de los detalles del traje responde a un precedente tradicional embellecido, si se quiere, como creación que es de un artista, pero no falseado, en esto, como lo demás, el turista espera encontrar un motivo que le satisfaga, y la realidad debe responder a este deseo.
LA PRESENTACIÓN ESTÉTICA
Señalando defectos, quiero indicar también la labor que, a mi juicio, debe acometerse.
En cuanto al color de la ciudad y de los pueblos, resalta por lo general un marcado mal gusto. Se hace necesario imponer resueltamente el blanqueo con cal de las fachadas de las viviendas. Se ha llegado a decir que en una ciudad en que resalta la nota blanca, se hace necesario el uso de gafas para proteger la vista. Las Palmas y nuestros pueblos, hasta fines del pasado siglo, no conocieron otro color que blanco. Se dice todavía, efectivamente, "albear", que quiere decir blanquear, cuando se da color a un muro porque indudablemente eso, blanquear, era lo que hacía, aunque hoy la palabra haya degenerado al cambiar las costumbres, y se diga seriamente que se le albea una casa de rojo o verde, sin embargo, la gafa protectora ni se conocía ni se usaba. Ha sido precisamente en estos últimos años cuando se ha introducido esta costumbre, coincidiendo con los colores chillones de las fachadas.
Otra ocupación apremiante es la del embellecimiento de nuestros campos, arbolado y flores, son los elementos insustituibles para remediar tan urgente necesidad. Los "riscos" y los barrios de la ciudad, lo mismo que el contorno de toda la isla, repeles al viajero. Su contemplación no le anima ciertamente a desembarcar. Y, ya dentro de la isla, paisajes de indudable y superior belleza, se adivina que pudieron acrecer su encanto si la iniciativa de los habitantes se lo propusiera. Cubrir de geranios y trepadoras las tapias y murallas que dominan las carreteras, fomentar la colocación de plantas y flores en las ventanas y azoteas, aconsejar la plantación de papayas, de fácil cuidado y conservación, en los patios y huertos, con algún positivo provecho, ya que su fruto es exótico para el viajero; intensificar el cultivo del cactus en todas sus variedades, dedicar especial atención y fomento a la flora netamente isleña, tan rica y variada, desterrando la costumbre, implantada en primer término por nuestras corporaciones, de difundir la plantación de árboles extraños; toda esa labor puede ser fructífera mediante una constante y paciente propaganda, acompañada del aliciente de algunos premios en metálico.
LA PRESENTACIÓN SOCIAL
Urbanidad, cortesía, hospitalidad, cooperación ciudadana, en una palabra, son el complemento de una preparación turística. Se trata, pues, de crear lo que pudiéramos llamar ambiente social turístico, propicio tanto al fomento del turismo, cuanto al desarrollo de las industrias convenientes. El viajero que nos visita, aunque no se tenga en consideración sino su carácter de factor económico de nuestra vida, tiene derecho a un trato de favor, a extraordinarias atenciones de cordialidad que le permita olvidar que se encuentra en país extraño. Este espíritu hay que inculcarlo en los niños, durante su paso por la escuela, como se está haciendo en Italia y Alemania, mediante charlas y conferencias que se alternan con sus estudios.
En la organización de servicios no hay que olvidar nunca que deben responder a las exigencias de una ciudad de turismo, y que se ha de destacar en todos los detalles la nota propia, ese es el perfil de la canariedad que es el que comunica su originalidad a nuestra presentación. ¿Cuánto más atractivo sería para el viajero el que, al pisar los muelles, se encontrara un "cambullón", de hombres y mujeres, ostentando con dignidad el traje típico, y ofreciendo frutos, flores y productos genuinos de nuestra tierra?
Y dentro de ese perfil de canariedad que se ha cultivado con el mayor escrúpulo, no hay que ponderar que ha de destacarse hasta la exageración la nota de limpieza, en las personas y en las cosas. Ahora mismo se observa una profusión de signos extremistas y de papelotes que se adhieren a los muros y frontis, demostrando que nuestro pueblo se halla aún más lejos de la tan deseada adaptación ciudadana al ambiente turístico.
EL ARTE POPULAR
He insistido en la importancia primordial que para el turismo tiene el fomento de las pequeñas industrias del país, cuyo valor es más estético que utilitario. Estimo que hasta debería pensarse en la posibilidad de liberarlas de todo impuesto, en consideraciones al provecho que reportarían al país, y por ende, directamente al tesoro público, pero existe otro elemento afín al que hay que atender con igual cuidado, es el arte popular. Va infiltrándose entre nosotros por fortuna, la costumbre de otorgar becas a los alumnos pobres aventajados de nuestros centros de enseñanza, sin excluir a los aprendices de arte. Llegar a ser artista es una noble ambición, patrimonio de pocos, ¡pero es tan difícil lograrlo! Muchos de esos chicos pierden sus mejores años en una senda, sin llegar a la verdadera categoría de artista. Para ellos la ayuda oficial es estéril. Preferiría, pues que se derivara a otro orden de arte, más inmediato y seguro, al cultivo del arte popular, tan en armonía con los puntos de vista del turismo. Las rondallas y las escuelas de canto, en primer término, en el historial de nuestras dejaciones hay que anotar con melancolía el olvido de nuestros cantos populares, con la literatura que le es propia. He oído aires populares con letra y estribillo importados. No se puede llegar a mayor abandono.
VISIÓN DEL PORVENIR
La Playa de Las Canteras, que pudo dar nuestra máxima atracción, es la demostración más palpable, aparte de otras muchas, de falta de visión. Magnífica antesala sería la barriada porteña, si hace cuarenta años se la hubiera concebido con la visión de un porvenir no muy lejano. Lo mismo diremos del aeropuerto de Gando. Dentro de cuarenta o cincuenta años -no olvidemos nuestra condición de isla- cuando la aviación sea el medio normal de comunicación, resultará que habrán de invertirse tres cuartos de hora desde Las Palmas a Gando y sólo quince minutos desde allí a Tenerife. Situado el aeródromo en las proximidades del Campo de Golf, quedaría colocado a las puertas mismas de la ciudad y habría de ser un motivo más de embellecimiento, mejorando el fondo de la misma.
Mirando el porvenir, hemos de tener en cuenta también la formidable Playa de Maspalomas. Quizá sea prematuro pensar desde ahora en ella; pero por lo menos evitemos que lo que se haga pueda convertirse en obstáculo para que las generaciones que nos sucedan lleven a cabo los proyectos que en un futuro más inmediato aconsejen las realidades del momento. No concibamos las cosas en pequeños sino en grande con la vista en el porvenir aunque los espíritus materialistas pudieran asustarse y calificarnos de irrealistas.
MI COLABORACIÓN
He trasladado a mi tierra mi estudio de París, con propósito de dedicarme por entero a mi país. Comprendo que la labor es dura y agotadora; pero me propongo continuarla hasta el fin, pese a los momentos de desaliento que me esperan ante tanta incomprensión. De mis proyectos, algunos los veo ya realizados. En primer término la adopción del traje típico, de cuyos resultados no estoy descontento, aunque confío en que las sociedades difundan su uso mediante la organización de períodos festivales y bailes. El albergue de la Cruz de Tejeda, va en vías de realización, y será en su día el exponente más destacado de la personalidad canaria, en un ambiente de confort y gusto, a tono con los más exquisitos refinamientos. La cabalgata de reyes, junto a los demás festivales por mí organizados, tienden a establecer permanentemente un ciclo anual de espectáculos de íntimo sabor canario. Tales han sido los jalones de mi labor.
Como consecución de un programa más vasto concibo la exposición permanente de productos canarios en el Parque Doramas.
En ella estarán representados todos los productos de la escala de industrias del país, típicas y modernas, y los de la tierra, junto a la exposición se levantará el monumental pueblo canario, exhibición viva de nuestras costumbres y tradiciones, artesanos auténticos, que lograrían con su arte sus medios de vida y contribuirían al bienestar del país elevando su clase; laboratorio folklórico, escuela de canto y música popular, etc., etc.
En este proyecto figura también la reconstrucción del antiguo Hotel Santa Catalina, acomodándolo a un estilo netamente canario, pues aparte de que la construcción de un gran hotel de tipo internacional no está al alcance de la economía del país, no dejaría de ser para el viajero un hotel más, sin el atractivo de lo desconocido e inesperado, como lo sería para él en este caso un edificio de aspecto sencillo y original, dentro de un área y ambiente isleño, en el que le sería grato hasta la delicada nota de servidumbre vestida de traje típico.
Figura igualmente en el proyecto un gran salón de fiestas o casino, que recoja la vida elegante y cosmopolita, y lugar para ciertos recreos que, si algún día se autorizan, contribuirían poderosamente a promover grandes iniciativas turísticas. Debo advertir que todos estos proyectos se realizarían sin cambiar la fisonomía del precioso Parque Doramas y sin sacrificar ni un solo ejemplar de sus arboledas.
Realizados que fueran, ya tendríamos los genuinos productos y creaciones del país en constante exhibición y movimiento y en abundante rendimiento de ingresos, que quedarían en beneficio exclusivo nuestro, haciendo verdad el aforismo de que el turismo es una riqueza invisible que se desparrama en cuantía fabulosa, no alcanzada por ninguna otra fuente de riqueza. En pos de esto irían surgiendo otros motivos atendibles y también provechosos. El Castillo de la Luz, por ejemplo, restaurado y convertido en museo, podría acoger los nombres de los primeros canarios que se enrolaron en la sublime aventura del descubrimiento de América, y de los que, más tarde con Hernán Cortés, Pizarro y otros caudillos colaboraron en la conquista del nuevo mundo, con cuya historia la nuestra está tan enlazada. Podrán unirse datos y aún cosas, pues no hay que olvidar que el turismo se alimenta de la admiración al pasado, que es necesario reconstruir ante sus ojos, invitando, si se quiere, para suplir la falta de lo auténtico, sabiamente y con fidelidad.
Surgirán también, modestos mesones en los lugares preferentes de la isla, sencillos y limpios, de construcción y mueblaje canarios, en los que se podría tomar una merienda o servirse también comida típica; y las pequeñas casetas de comercio del tipo de la de "Fataga" en el muelle de Santa Catalina", para la venta de los variados productos de la industria turística.
La explosión permanente será como la primera "guagua" que transitó la carretera del puerto, después vendrían las demás.
HACER PATRIA
Todo este programa de revalorización, de exaltación de la región, de canariedad, no es otra cosa que la labor en la reconstrucción de la patria, para lograr la mayor riqueza y bienestar de todas y cada una de las regiones que la componen, la grandeza de nuestra nación, al acusar y perfilar un sentido de canariedad en los distintos órdenes de la vida, destacamos con ello y realzamos nuestro sentir españolista como avanzada que somos de la patria en el atlántico.
CANTO FINAL
Islas afortunadas, jardín de las Hespérides, Campos Elíseos... tales fueron los nombres que los antiguos asignaron a Canarias atribuyéndoles condiciones paradisíacas, ¿será acaso imposible reconquistar esta fama? No lo creo, es labor que corresponde a los hijos de esta tierra privilegiada, entre los que yo me ofrezco incondicionalmente y prometo cuanto valgo.
